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Buscando en Bogota un lugar donde comprar comida orgánica llegué a Clorofila. Un local discreto, direccion: Cll 41 No 24-20, cercano a las sombras y reflejos verdes de los árboles del Parkway, con abarrotes llenos de verduras limpias cultivadas en una finca a 45 minutos de Bogotá. En comparación con su enorme vecino Carulla, Clorofila es sencillo, pequeño y acogedor, por eso quienes trabajan allí se conocen y se saludan sonrientes por el nombre.

Mezcla de casualidad, decisión y destino, la historia de Clorofila fue tomando forma gracias a una kermesse en el barrio El Nogal hace ya varios años. Liliana Morales, su creadora, ha sido siempre una curiosa de los asuntos de la cocina saludable y de la buena alimentación. Junto con Leopoldo Serrano, quien viene de una familia ligada a la tierra y a los cultivos, empezaron poco a poco a ejercer el arte del comercio.

Arte del comercio, así nos atrevemos a llamarlo por la sinceridad y la frescura con que Leopoldo y Liliana nos hablan de aquello que hacen. Y es que si bien ellos defienden lo orgánico, los productos ecológicos y limpios, lo natural, también son honestos al afirmar que cada quien tiene el derecho de comer lo quiere, que en un país como el nuestro lo interesante es que haya de todo para todos, vegetarianos o no, orgánicos o no, ecológicos o no. Comer, comprar, vivir, cada quien a su manera, con o sin necesidad de grandes filosofías, búsquedas o rollos espirituales que reglamenten cada cosa que decimos, utilizamos, consumimos.

Ya que hablar de libertad y de soberanía alimentaria es complejo, yo me limito a no perder de vista la idea de que mi derecho a consumir (llámese esto tomarme algo en un café o comprar un par de zapatos) es inseparable de mi deber de conocer o al menos preguntarme por el impacto de aquello que consumo. Es un ejercicio simple que comienza con cuestionarme si en realidad necesito ese par de zapatos, y que se extiende en el día a día al tratar de no olvidar llevar la bolsa para las compras o decidir dejar el carro en casa, pues se puede caminar. Libertad es decisión y decidir implica reconocer cierta responsabilidad... ante todo con uno mismo. Decida lo que quiera, orgánico o no, pero decida con consciencia, creo que pocos comerciantes le hablan a uno de esta forma: sin quererlo convencer de nada.

Para esta navidad, pensé el otro día, sería bueno dar regalos de bajo impacto ambiental, que sean totalmente o en gran porcentaje reciclados y de paso reciclables. Algo hecho con fibras naturales por ejemplo y que pueda terminar sin problemas en al jardín de la casa. Y ya que es posible en lugares como Clorofila averiguar algo más sobre la procedencia de aquello que compro, como parte del regalo anexar la información de quién lo fabrica, en dónde y de qué manera. Al fin y al cabo todos los objetos tienen una historia y conocerla realza su valor. Pensando en esto, mientras caminaba entre los objetos coloridos de la tienda, recordé una anécdota que no sé si leí, imaginé o me contaron: alguien, lechuga en mano, preguntó en un supermercado: “¿Señor, de dónde viene esta lechuga?” a lo cual un empleado del lugar respondió: “De un camión”. Qué breve puede ser la historia de esos objetos, inmóviles y a la venta, en los estantes de las grandes cadenas.

Bueno... averiguar por la procedencia de cada cosa que compramos es una tarea de locos. Y son los comerciantes quienes en cierta forma lo hacen por uno. Sabiendo que esta decisión incide de manera directa en nuestra vida, cabe entonces preguntarse en qué lugares y a quién le estamos comprando.¿Practican un comercio justo? Y al escribir comercio justo no me refiero a aquel concepto mundialmente famoso, promotor entre otras cosas del cuidado del medio ambiente, del salario justo para los campesinos y de paso, de la foto de los mismos (como para confirmar que existen), en un paquete de café cultivado en una montaña no muy lejana (y a la que no hemos ido nunca).

Cuando escribo comercio justo me refiero al hecho de que el comerciante trate con igualdad a aquel que le compra, siendo capaz de imaginarlo de carne y hueso mas allá de la estadística y la contabilidad del mes. Comerciantes que ofrecen honestidad. Campesinos y agricultores que al sembrar hortalizas o frutas, buscan producir dinero tanto como ofrecer bienestar. Comerciantes de barrio, seres singulares, que miran al consumidor de frente pues venden en su tienda aquello que comen en su casa y exhiben en sus estantes aquello que sirven en su mesa y dan a sus hijos. Sin discursos aleccionadores, sin creerse el ejemplo que todos deberían seguir, eso encontré, sin mas adornos, en Clorofila.

Imágenes y texto por GruPo ColomBio
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