Me lo contó un pajarito...

¡Mira para arriba! Dice Juan. Quédate en silencio, observando. Porque a veces toma tiempo encontrar una palabra y la paciencia puede ser fundamental para armar una simple frase. De igual manera sacar tiempo del va y viene de los días no es tarea fácil. Más aun si este tiempo es destinado a algo que parece sin destino: acercarse a un río, a un lago o a un jardín de tu ciudad, tan solo para observar alrededor sin interferir y dejar ser junto a ti tantas cosas y seres que suceden.

Poco a poco, y tal vez con algo de suerte, así como cada mes pagas el recibo de la electricidad o compras cosas semanalmente para la nevera y el angustioso vacío de sus estantes, se te hará también necesario detenerte y mirar hacia arriba. Mirar hacia los árboles, en silencio. Pero hacer de algo “inútil” una costumbre no es sencillo, tiene que ser un placer para que tome importancia, tiene que ser muy importante para que te sea vital. Un placer personal. De esos que te ayudan a llenar los pulmones con más aire o te hacen sonreír a solas y en silencio, mientras vas colgado de las manos en un bus o en el metro, mientras haces la fila, justamente, para pagar el recibo.

Si este placer es vital puede que lo hagas un rito. Un lugar donde es posible sentirse infinito, en medio del tiempo tan corto y finito, que se escapa como el agua del río que ahora observo. Y tal vez tu rito tenga efímeros altares: hojas secas que caen innumerables de los árboles y que ahora, incluso hacia su muerte, van danzando en el viento. No me lo contó Juan, me lo contaron sus ojos. Sus ojos que han mirado yonosecuantos pájaros, su silencio que ha escuchado yonosecuantos cantos. Con su paciencia, él ha cazado imágenes de plumas y colores, y entre raíces ha sembrado frases para armar su propio bosque. Con humildad se ha hecho invisible para mirar a otros y va tejiendo un camino propio para acercarse a la naturaleza.

Nadie te puede decir como hacerlo, me dijo. Conocer la naturaleza y hacerse amigo puede ser algo tan individual e intransferible (a veces inexpresable) como una experiencia mística. Juan va volando en su camino, de la mano con las alas de los pájaros que observa. El es (entre todos los que es), un pajarero que escribe historias sobre lo que otros ya no miran. Con él se aprenden nombres, especies y costumbres, para acercarse a esos que nacen pequeñitos en los nidos. Esos que vuelan, justo ahora, en el aire que respiras!!

Su blog sencillo invita a caminar con ritmo diferente, a parar y observar el largo instante de una tarde. Tal vez con suerte y algo de esfuerzo un día, nos de por sembrar el rito de darle tiempo... al tiempo.

Entre tanto, qué otras tantas cosas nuevas le habrán contado los pájaros...?

Imagenes de pájaros por Juan Carvajal Franklin

Video por GruPo ColomBio
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